El escritor y su compromiso

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Hagamos un alto en este camino solitario de escribir acerca del proceso mismo de la escritura.  

He estado recibiendo mensajes por WhatsApp hablando pestes de López Obrador y de la Cuarta Transformación. Son reenviados, lo que me confirma que se difunden con cierta amplitud. Por otro lado, se acercan las elecciones “más grandes en la historia de nuestro país”, anuncian; caigo en la cuenta de que estos mensajes que me llegan son parte de las campañas para convencer o asustar a indecisos, para que definan su voto en contra de Morena. Palabras más o menos, son semejantes a las que se lanzaron hace algunos años: “López Obrador es un peligro para México”. Así, llanamente y sin tapujos, sin argumentos. Al parecer, se vale de todo en política, especialmente en esta política de miseria que vivimos en México. Por supuesto que en un sistema democrático es perfectamente válido disentir y el disenso enriquece las ideas. Lo que ya no luce tan democrático es el nivel de discusión al que se llega: un actor disfrazado de payaso insulta a una institución, el presidente de la República, aunque obedece a los patrones que le pagan y ni por equivocación hablaría mal de ellos; un “periodista” realiza varios montajes para dar la “noticia” que conviene a sus patrones; un tiempo después dice, “yo no sabía”, sin echar de cabeza al patrón, que por supuesto siempre supo o al menos jamás hizo alguna aclaración; unos pseudocómicos −uno de ellos hermano de alguien cuya honorabilidad está en tela de juicio− hablan mal del actual gobierno y se burlan de los altos funcionarios, pero también reciben línea y jamás, bajo ninguna condición, criticarán a su patroncito multimillonario y a sus congéneres. Son medios de información y entretenimiento que nunca plantearon que les interesara la gente sino solamente el dinero de la gente; saben que se dirigen al público más inculto y menos politizado del país, el de la televisión abierta. Se lavan las manos a través de la limosna: lo que les sobre, como en el diezmo cristiano, lo regalarán para teletones y demás obras altruistas que sirven de enorme promoción a sus empresas y de una buena “mordida” en el más allá, cuando les toque hacer su solicitud.

No resulta claro que algunos escritores, uno al menos bastante bueno, otro ganador de un premio internacional, apuesten por la misma causa, que estén a favor de los multimillonarios; tiene uno que concluir que eso los ha beneficiado en épocas pasadas. Cualquiera sabe cómo se hacen las grandes fortunas en México: son el resultado de la unión entre cierto político con cierto empresario, ambos igual de tramposos, el primero para torcer las leyes a su favor, el segundo para dar la cara. Al final, mitad y mitad. ¿Alguien se ha preguntado cómo se han hecho las grandes fortunas de los ricos de México? ¿Alguien se ha preguntado cómo se han hecho las enormes fortunas en otros países? ¿Alguien sabe que el patriarca Kennedy traficó con alcohol en tiempos de la ley seca en Estados Unidos y que durante la II Guerra Mundial hizo grandes negocios con los nazis? ¿Alguien conoce cómo hizo su gran fortuna Trump y que eso le ayudó a llegar a la presidencia? ¿Alguno se ha preguntado cómo hicieron en tan poco tiempo sus fortunas los hombres más ricos de nuestro país?  Entonces, comencemos por guardar menos respeto a los que tienen mucho dinero; algún día los llamaremos a cuentas. Toda gran fortuna es cuando menos sospechosa.  

¿Cómo se puede estar a favor del poder económico y sumarse al capitalismo depredador que da el exceso de dinero y al mismo tiempo intentar escribir, pintar o componer, una obra de arte? El artista está permanentemente en conflicto con el poder, incluyendo el poder político y desde luego con el poder económico. Y tal vez y a su pesar, se haga rico, casi como una consecuencia, pero no como primera intención. Y un artista genuino siempre tendrá el corazón del lado izquierdo. Como cualquier persona sana.

Un escritor no tiene que escribir obras políticas, pero sí debe conservar una actitud decente ante la vida. Una fortuna excesiva es indecente, por donde se la mire. Incluye un poder inhumano. El cuento de que dan empleo a mucha gente es una aporía, se tendrían los empleos de todas maneras. Me dicen, es que son personas muy listas que supieron aprovechar las oportunidades que les da la vida. Sí, claro, esas oportunidades se llaman políticos corruptos que las facilitan. Al paso de las generaciones esa indecencia se olvida porque se nació rico, “qué quieren que haga”. Pero el artista en su vida privada está con los que menos tienen, o cuando mucho con los de su clase, la clase media en la que nació.  Oscar Wilde escribió acerca de la gran burguesía y la clase alta de la Inglaterra victoriana, sedujo a esas clases y se hizo rico. En su vida privada, antes del escándalo que lo defenestró, fue un socialista convencido perteneciente a la sociedad fabiana. Lo mismo puede decirse de George Bernard Show. Y de muchos más.

Hay escritores que prefieren no pronunciarse, guardan un discreto silencio, su vida privada es verdaderamente privada. Menos mal. Pero hay otros que elogian al poderoso, al rico y hasta trabajan para él. Sartre escribió: “El escritor dota a la sociedad de una conciencia desgraciada”. En otras versiones la traducen como “una conciencia inquieta”. Pero nunca, una conciencia complaciente y cómplice. No tiene que militar en un partido radical. Ni siquiera asistir a manifestaciones. Sólo tiene que ser congruente con lo que pretende hacer en la vida: arte. Sí, conozco la opinión contraria: los grandes artistas trabajaron siempre para los ricos. Por supuesto, pero resulta que nadie puede escapar del todo a su época.

La crítica del intelectual al poder es necesaria, sea el poder de derecha o de izquierda, sea un poder económico o político, pero siempre ha de ser inteligente. Sobre todo, ha de ser orientada a que el poder no haga trampas, no se corrompa. La crítica debe tener fundamentos. La “crítica” actual de los simpatizantes de la derecha es de baja calidad moral y de nulo contenido intelectual. Significa dar golpes abajo del cinturón. La crítica en México hecha a un gobierno de izquierda es malintencionada, superficial, servil a intereses mezquinos y de una pobreza intelectual que avergüenza.

Definamos posiciones. Sartre, el filósofo francés que mencionamos antes y una de las mentes más lúcidas del siglo pasado, dijo tras su visita a Cuba a principios de los años sesenta del siglo pasado: “Si fracasa Cuba habremos perdido todo, hasta la esperanza”. Actualicemos su frase: “Si fracasan la 4T y López Obrador, habremos perdido todo, hasta la esperanza”.

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